
Es curioso. Una gente que tiene complejo de Indiana Jones y de Teresa del Calcuta a partes iguales, que se supone que asumen por cuenta propia los eventuales riesgos y desventuras de meterse en un jeep por medio del Sahel, y que luego son capturados por un grupo terrorista. Llega el momento de asumir responsabilidades, y entonces se produce el escaqueo. El gobierno, negando luego la mayor, paga un rescate millonario para sacar a los dos sacrificados aventureros de su aprieto. No sé ustedes, pero en mi casa suele decirse que "quien la hace la paga".Imagínense por un momento que en lugar de hablar del Sahel estuviésemos hablando de la selva colombiana. O de las montañas chechenas, da igual. El caso es que nadie daría un duro por rescatar a uno, o a dos, o incluso a seis ciudadanos españoles. Cambiemos a los desarrapados terroristas de Al Qaeda por las FARC, el ELN o la guerrilla chechena. ¿Debería una nación civilizada pagar un rescate a un grupo terrorista o criminal, liberando presos de ellos a cambio de recuperar a nuestros rehenes? Mi respuesta es que no. No es ético que el gobierno esté destinando dinero del contribuyente, que es de nuestra propiedad, a pagar por la irresponsabilidad de ciertas personas, y lo más importante, a financiar a grupos terroristas. Además de no ser ético crea un peligroso precedente. Acuérdense del Alakrana. Idéntica laguna moral presenta el supuesto en que el gobierno organiza una operación militar de rescate. ¿No quedamos en que las fuerzas armadas están para defender el territorio? Ya que enviamos tropas al extranjero para rescatar a ciudadanos, ¿por qué no un guardia civil a modo de escolta para todo ciudadano que salga de nuestras fronteras, como si lo hace para ir a comprar tabaco a Andorra?
El caso es que al final, y me alegro por que estén enteros, los susodichos cooperantes han sido liberados. Sin embargo no deja de resultar un tanto chabacano, de mal gusto, una grosería, que los cautivos durante meses y sus familiares y amigos hayan organizado un espectáculo en el aeropuerto del Prat. Podría valer el descorchado de un cava en la intimidad de sus casas, pero no semejante despliegue publicitario. Su irresponsabilidad ha conllevado a que ganen los malos, habiendo montado una orgía de dinero público. El que creyéndose misionero decida lanzarse al vacío de la aventura debería saber que el riesgo resultante de su temeridad forma parte de su responsabilidad. Lo que es inmoral es que alguien, presa del peligro que ha causado, intente que el gobierno sea quien le saque las castañas del fuego. En otras culturas eso es inconcebible, tanto como que el gobierno negocie con terroristas y acceda a pagar un rescate. Que tome nota este gobierno claudicante y aficionado a hacer la táctica del avestruz, también aquellos snobs que se creen Indianas Jones, Tintines y Robinsones Crusoe.
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La educación y los buenos modales no tienen por que rivalizar con la libertad de palabra.