Ante todo surge una pregunta obligada; ¿Qué es el dinero? Pues bien, el dinero es un conjunto de activos económicos que utilizan los individuos para comprar bienes y servicios. Es decir, el dinero es esa riqueza física efectiva que diariamente utilizamos para comprar un pantalón o pagar la matrícula de la Universidad. Dentro de los diversos tipos de dinero encontramos el dinero fiduciario. A diferencia del dinero mercancía, el dinero fiduciario es un tipo de dinero carente de valor intrínseco. Un billete de 10 euros es un simple papel que es dinero, y por tanto un valor efectivo, sino por decreto gubernamental. El gobierno del país determina que los billetes y monedas son dinero válido por ley, lo que supone que tanto billetes como monedas son dinero de curso legal forzoso -valga la redundancia- con un valor determinado que los individuos utilizan para comprar bienes y servicios, así como para pagar las deudas públicas o privadas. Por lo tanto el gobierno es un factor fundamental a la hora de establecer y regular un sistema monetario de tipo fiduciario. Sin embargo es un organismo concreto el encargado de velar por el correcto funcionamiento de un sistema de dinero fiduciario, ese es el banco central de un país.El banco central es una institución de naturaleza pública encargada de supervisar el sistema bancario y regular la oferta monetaria a través de una determinada política monetaria. Entre los ejemplos más típicos de banco central están el Banco de Inglaterra, la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el Banco de Francia, el Bundesbank y su hermano mayor el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y quizá el más conocido; la Reserva Federal americana (Fed). La Reserva Federal es el modelo por antonomasia de banco central. En 1914, tras las quiebras bancarias de 1907, el Congreso de los Estados Unidos decidió instaurar un banco central nacional convencido de la necesidad de crear una institución reguladora que se encargase de velar por el correcto funcionamiento y garantizar la estabilidad del sistema monetario. Con carácter previo ya habían existido dos bancos nacionales que en puridad eran bancos comerciales que por decreto gubernamental gozaban de una posición privilegiada frente a los bancos privados. El Primer Banco Nacional fue abolido por el Presidente Jefferson, mientras que el Segundo Banco Nacional se disolvió durante el mandato presidencial de Andrew Jackson.
El esquema orgánico de la Fed gira en torno a la Junta de Gobernadores, compuesta por siete miembros nombrados por el Presidente con la ratificación del Senado por un mandato de catorce años a fin de evitar cualquier tipo de perturbaciones o presiones a corto plazo a la hora de ejecutar la política monetaria. Sus funciones; regular el funcionamiento de los bancos, garantizar la estabilidad del sistema bancario y controlar la oferta monetaria. Todas estas competencias son en gran parte ejercitadas por los bancos regionales dependientes de la Fed; la Reserva Federal se encarga de controlar la situación financiera de todos y cada uno de esos bancos así como de facilitar las transacciones bancarias a través de la compensación de los cheques. Por otro lado la Fed actúa como prestamista de último recurso; en otras palabras, concede préstamos a aquellos bancos que no han podido hacerlo en otra parte, para sí garantizar la estabilidad del conjunto del sistema bancario. Empero la tarea fundamental, y por lo tanto más importante, de la Fed es el control de la oferta monetaria, o lo que es lo mismo, la cantidad de dinero que existe en los mercados. En ese sentido, la Fed, como cualquier otro banco central, es el principal instrumento de fijación y ejecución de la política monetaria.
El banco central del país, en calidad de máxima autoridad monetaria, dispone de tres mecanismos de intervención y control de la oferta monetaria. El primero de ellos son las operaciones de mercado abierto, el segundo, las reservas obligatorias, y el último, los tipos de descuento. Las operaciones de mercado abierto son el mecanismo más usado por los bancos centrales. El banco central realiza operaciones de mercado abierto cuando compra o vende bonos del estado al público. Este tipo de operaciones tienen por objetivo la regulación de la oferta monetaria. Si, por ejemplo, el Banco de España desea aumentar la oferta monetaria dirige una serie de directrices a sus operadores en el mercado para que compren bonos, de forma que los billetes que son utilizados para compra en el mercado aumentan el volumen de dinero en circulación, que es depositado en los bancos o bien es utilizado como efectivo. Sin embargo los billetes depositados en las cuentas de los bancos tienen una cuantía mayor que su valor nominal en el mercado, ya que elevan el nivel de reservas y en consecuencia la cantidad de dinero que el sistema bancario puede crear. Sensu contrario, sí lo que se desea es reducir la oferta monetaria, el banco central vende bonos del estado al público en los principales mercados del país. De este modo, el público paga los bonos con el dinero que existe en efectivo o en los depósitos bancarios, reduciendo la cantidad de dinero en circulación. La utilización del dinero de los depósitos de los bancos disminuye el nivel de las reservas, por lo que los bancos reducen el volumen de préstamos y dejan de crear dinero.
Otro de los mecanismos para intervenir la oferta monetaria son las reservas obligatorias. El banco central dispone una cantidad mínima de reservas que deben mantener los bancos para garantizar los depósitos: la llamada -y demonizada- reserva fraccionaria. Las reservas obligatorias influyen en el volumen de dinero en circulación ya que un aumento de las mismas obliga a los bancos a reducir la cantidad de préstamos, esto deriva en un crecimiento del nivel de reservas y en una reducción del multiplicador de dinero –volumen de dinero que genera el sistema bancario con cada unidad monetaria de reservas- y de la oferta monetaria. Los tipos de descuento son el tercer, pero no menos importante, mecanismo regulador de la oferta monetaria. El tipo de descuento es el tipo de interés de los préstamos que un banco central concede a los bancos comerciales. El nivel de las reservas de los bancos comerciales está estrechamente ligado al tipo de descuento que fijan las autoridades monetarias. Si un banco comercial cualquiera concede demasiados préstamos o sufre una serie de retiradas de dinero considerables tiene un nivel de reservas inferior a lo obligado. Ello le obliga a solicitar un préstamo al banco central con el fin de aumentar el coeficiente de reservas, lo que contribuye a que el sistema cree más dinero. Las subidas en los tipos de descuento actúan como factor disuasivo a la hora de solicitar préstamos al banco central, con lo que se reducen las reservas y a su vez la oferta monetaria. Por su parte, las bajadas en los tipos son un aliciente para los bancos ya que les animan a solicitar préstamos al banco central, por ello las reducciones de los tipos de descuento aumentan la cantidad de reservas y la oferta monetaria. Por otro lado, los tipos de descuento funcionan como un “colchón” ante las crisis bancarias, ya que los créditos que el banco central cobra con el tipo de descuento pueden ser utilizados en caso de necesidad para auxiliar a aquellas entidades financieras con grandes dificultades en momentos de inestabilidad.
La crisis financiera del 2008 ha abierto aún más la tradicional brecha entre los postulados neokeynesianos y los monetaristas poniendo sobre la mesa la pregunta; ¿Qué papel deben tener los bancos centrales en una economía tan globalizada como la actual? Tradicionalmente los neokeynesianos han aceptado la existencia de esa autoridad monetaria que es el banco central. Para los neokeynesianos el papel del banco central ha de ser el de intervenir directamente en la economía a través de una política monetaria no-neutral, a fin de corregir los excesos en que puedan incurrir los agentes privados. Por su parte, los monetaristas formulan una defensa del libre mercado a través de la hipótesis de que "la estabilidad económica está ligada a la no-intervención de los gobiernos”. Así el banco central sería un "convidado de piedra" encargado de velar por la correcta estabilidad del sistema a través de un rígido control de la cantidad de dinero en circulación y de unos tipos de interés estables. En este sentido, los monetaristas defienden que a pesar de la capacidad de las autoridades monetarias para fijar la oferta de dinero -en términos nominales-, es el ajuste entre la oferta y la demanda el que genera estabilidad y palia los excesos o defectos que pueda presentar un sistema semicentralizado, es decir, un sistema de libre mercado "supervisado" por bancos centrales. Milton Friedman formuló una crítica respecto al papel de las autoridades monetarias en relación a la oferta monetaria, criticando la actuación del Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos tras el crack de 1929.
Las críticas de la Escuela de Chicago -Milton Friedman- o de la Escuela Austríaca -Ludwig von Mises y muy especialmente Friedrich Hayek en su obra La desnacionalización del dinero- a los bancos centrales son acertadas, ya que la posición monopolística del banco central a la hora de regular la oferta monetaria es la causante, no pocas veces, de inestabilidad [macro]económica. El monopolio legal sobre el dinero impide el funcionamiento del sistema de responsabilidad inherente a una economía libre, de ahí que Hayek ya defendiese en su día la abolición de los bancos centrales y su sustitución por un sistema de bancos privados. Ya fuera del idealismo de la Escuela Austríaca, son interesantes ciertas propuestas destinadas a asegurar la estabilidad del sistema aún manteniendo operativos los distintos bancos centrales. El modelo suizo, basado en un Banco Nacional que tiene naturaleza de sociedad no dependiente del gobierno federal, da un importante margen de participación a los bancos privados, que son inversores de pleno derecho del banco. El funcionamiento del Banco Nacional de Suiza ha permitido que la economía del país creciese a ritmo constante sin sufrir las perturbaciones económicas de entreguerras o la espiral inflacionaria que desde la década de 1950 ha experimentado la economía americana. Todos los avatares sufridos por las principales economías mundiales desde la I Guerra Mundial no son sino achacables a las malas prácticas monetarias impulsadas por los gobiernos a través de monopolios como los bancos centrales.
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