04 octubre 2010

Nacionalidades históricas y regiones sin historia

Claudio Sánchez Albornoz patrocinaba en los inicios de la aventura democrática de la Transición el ideal pancastellano como una necesidad impregnada de realismo frente al resurgimiento de las llamadas "nacionalidades históricas" -Catalunya, Euskalerría, Galicia- y a la aparición por doquier de comunidades autónomas que fueron el producto de las exigencias de ciertos sectores nacionalistas. Decía el jurista e historiador castellano nacido en Madrid que los castellanos deberían formar "un frente cerrado y poderoso para constituir una región autónoma, que pueda defenderse de los zarpazos de los demás y mirar el porvenir con esperanza". "Si por mí fuera constituiriamos una unidad desde el Cantábrico a Andalucía", concluye en el manifiesto Por la Castilla total. Sin embargo, y aquí cabe discrepar con nuestro autor, los políticos encerraron a León y a Castilla la Vieja, dos regiones separadas, dentro de la misma comunidad autónoma y trocearon el país castellano en cinco territorios autónomos. Por otro lado en el Sur se consumó el sueño de Blas Infante de unir a los antiguos reinos andaluces, aún cuando históricamente se había venido distinguiendo entre la Andalucía Baja y la Andalucía Alta -Andalucía propiamente dicha, y Granada, respectivamente-. La utilización errónea e intencionada del término "nacionalidad histórica" en la Constitución, así como su diferenciación del uso cotidiano "región", no sólo reconocía de facto y de iure la existencia de comunidades autónomas de primera y de segunda, sino que con todo era injusta con las Castillas. La Castilla que junto con León y Galicia y bajo la corona de Alfonso VII y de Alfonso X soñó un imperio de proyección europea, el estado que sojuzgó al imperio de los incas y de los aztecas, no sólo ha sido desmembrado, sino que también se le ha negado su historia y su sustantiva importancia en el conjunto de imperfecta unidad nacional.

Castilla fue quien impulsó el proyecto de la unificación ibérica a pesar de la contumaz actitud de Portugal, de férrea autonomía de los territorios vasco-navarros sujetos por un pacto foral a la Corona y de la peculiar relación con las provincias de la Corona aragonesa. Castilla fue el primer estado en levantarse contra las maneras autoritarias de la Corona, si bien también fue el primero en sucumbir al proceso de uniformismo político, jurídico y económico que en su interior estaba experimentando. No hay que olvidar que sin embargo el mal ejemplo castellano fue el modelo al que los ministros reales recurrieron para consolidar el poder real en detrimento de la diversidad de las Españas y también a la postre de la unidad de la Monarquía. Portugal se batió contra Castilla por su independencia en al menos dos ocasiones separadas por casi dos siglos, Vascongadas y Navarra, pese a que el pacto foral empujó a tales provincias a integrarse en la Monarquía, luego que viesen amenazados sus fueros siguieron el camino que ya en el 1700 emprendieron los territorios aragoneses: la guerra con el Rey. Es claro que Castilla salió tan mal parada como Cataluña, Navarra o Galicia bajo el autoritarismo austracista, el absolutismo borbónico y el nacionalismo centralizador del XIX. Pero no es menos cierto que todo los éxitos y los poderes cosechados por la burocracia real con la weltpolitik de Carlos I, el reformismo de Nueva Planta de Felipe V y el parlamentarismo pretoriano de Isabel II fueron posibles gracias a la formación de un volksgeist sustentando en la tradicional hegemonía política, militar, económica y cultural castellana. La historia de la península ibérica desde la Baja Edad Media hasta nuestros días es la historia del conflicto constante entre lo castellano y lo español, entre el centro y la periferia.

En estos tiempos presentes de reivindicación nacionalista, justificables como reacción frente al centralismo y condenables por el sacrificio de las libertades en pro de un mitificado ideal nacional, los castellanos permanecen callados. En Castilla hay pocas proclamas regionalistas, precisamente por que sobre la ruina de la región se ha erigido un nacionalismo obsesionado con la homogeneización y el centralismo que habla la lengua de Castilla, toma los usos y costumbres castellanos y desprecia la humana diversidad nacional. Así es lógico que los castellanos no se sientan como lo que son, y a diferencia de lo que ocurre en Suiza, quien hable castellano sea un buen español y no suceda lo mismo con los que hablen gallego, vasco o valenciano. Así España ha sido vetada en ciertas regiones mientras los nacionalistas de la Meseta han ido asumiendo que su nacionalismo es español y no castellano. Castilla, -esta vez sí- "región ilustre, nervio de la nacionalidad" ha sido deshecha por políticos vendepatrias y por el silencio del pueblo castellano. Hoy más que nunca, para bien y para mal, es necesaria una Castilla unida, ergo fuerte, dentro de una España ampliamente descentralizada.

10 misivas:

  1. "Desde entonces ya Castilla
    no se ha vuelto a levantar,
    en manos de rey bastardo
    o de regente falaz,
    siempre añorando una Junta
    o esperando un capitán".

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  2. Interesantísimo artículo. El problema es que las Españas se han convertido con el tiempo en España y España como sinónimo además de "lo castellano". Es una desgracia, no sólo por la homogeneización que denuncias sino también porque ha significado el triunfo de la más cutre, tercermundista y pobrd de todas las posibles mentalidades-culturas del Estado.

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  3. "sobre la ruina de la región se ha erigido un nacionalismo obsesionado con la homogeneización y el centralismo que habla la lengua de Castilla, toma los usos y costumbres castellanos y desprecia la humana diversidad nacional"

    ¿Y eso no es precisamente lo que hace la globalización a nivel mundial? Sólo que con la lengua inglesa y la cultura pop estadounidense.

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  4. La diferencia es que a ninguno de nosotros le ha sido impuesta la lengua de Shakespeare por virtud de una norma bajo coacción por decisión de una autoridad centralizada. En cambio los decretos de Nueva Planta con los que se impedía el uso del catalán, del occitano, del aragonés o del valenciano en el seno de la Administración de Justicia fueron dictadas por el monarca, que es lo más parecido a una autoridad central. Si quieres considerar a la MTV y a la Coca-Cola como "autoridades centrales" que imponen la cultura de una nación concreta a otras naciones, típico argumento ultra de derecha o de izquierda, entonces yo soy el rey de Prusia.

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  5. No lo he juzgado ni como bueno ni como malo, pero si te preocupa la homogeneización de la cultura en sí el medio debe de ser indistinto. ¿te daría igual que Galicia mañana no tuviese absolutamente nada típico y fuese un lugar indistinguible de cualquier parte de Francia, Canadá o cualquier país que se te ocurra?

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  6. Si te refieres a si estaría en contra de subvenciones para fomentar el uso del gallego, de la existencia de una televisión pública en gallego o de la obligatoriedad de aprender el idioma regional, sí, me daría igual, no soy un conservador cultural ni mucho menos un nacionalista.

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  7. Yo no veo que la globalización sea comparable con un proceso de centralismo homogeneizador impulsado por las autoridades. No veo nada de malo en leer Batman, ver películas manga, jugar al fútbol, comer pizza o disfrazarse en Carnaval. Esto no significa la eliminación de una cultura autóctona, sino más bien el enriquecimiento de la misma con lo "mejor" de otras culturas. Nada que ver con que me prohíban expresarme en valenciano o que se me niegue mi derecho a aprender dicha lengua.

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  8. El centralismo utilizó todo lo castellano, de acuerdo, pero ¿tenemos la culpa los castellanos de ello?, ¿hace falta que recordemos quines fueron los primeros en perder fueros y los únicos en enfrentarse al emperador Carlos? No vamos a perdir perdón por nuestro pasado, ni por la pujanza de nuestra cultura castellana ni por nuestro ideal de libertad. Castilla necesita reunificarse en una única CCAA para volver a ser Castilla, sin conjunciones ni guiones. Si la causa del separatismo de los peris fuese el centralismo, parece lógico que acabado éste desapareciese aquel, y eso no se ha dado, somos un país federal de facto y el odio anticastellanista no para de crecer. ¿Vale la pena 'salvar' España sacrificando Castilla?

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  9. Estimado lector;

    No digo que los castellanos tengan la culpa de que la España actual sea como es. La culpa lo tienen los líderes políticos que hicieron la España moderna, muchos de los cuales no eran necesariamente castellanos, ni tan siquiera españoles. Sobre la unidad castellano, bueno, estamos de acuerdo: Castilla debería ser una de Santander a Albacete, siempre y cuando así lo decidan los habitantes de la Castilla histórica. Respecto del separatismo le diré una cosa: crece porque aún hoy día es raro ver a un catalán viviendo como tal dentro del conjunto de las Españas. Genialidades como la de Joan Maragall del estilo de "los catalanes somos españoles y lo somos más que los castellanos" son poco habituales cuando sí al contrario; véase el famoso "Puyol, enano, habla castellano". Imagínese que el nacionalismo español hablase gallego, catalán o portugués, al estilo suizo; le apuesto una cerveza que no se hablarían tanto de unos separatistas que por otro lado en el caso catalán o en el flamenco no representan a más del 20% del electorado. Un saludo y gracias por comentar.

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  10. Muy interesante el debate, y en concreto Andrés Álvarez señala cuestiones que casi nadie observa, como la comparación con Suiza y sus lenguas, todas ellas oficiales en sus cantones y todas igual de respetadas sin perjuicio de su unidad nacional. A años luz estamos aquí. Con una Castilla secuestrada por el españolismo más rancio y sin conciencia propia, con una cultura autóctona en mayor peligro que la de los indios yanomami. Separatistas en la periferia, y separadores en el centro. Porque flaco favor hace a la convicencia de los pueblos el desprecio a una cultura o un idioma. Por cierto, muy significativa la campaña propagandística por el "español". Como ya he escrito en mi blog, no sólo se está llamando "extranjeros" a los demás idiomas peninsulares, sino que se nos niega a los castellanos lo único que aún no nos habían robado: la paternidad del idioma. En fin, perdonad la divagación. Chapeau (chapó) por la publicación, pone los puntos sobre las íes. Completamente de acuerdo.

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La educación y los buenos modales no tienen por que rivalizar con la libertad de palabra.

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