Se hace difícil hablar de absolutismo en la historia española a no ser que nos adelantemos en la línea temporal hasta bien entrado el siglo XVIII, coincidiendo con el momento del reinado de Carlos III de Borbón y el surgimiento de esa corriente filosófica ilustrada que en España se conoce bajo la denominación de «despotismo ilustrado», y que tuvo como principal figura al Conde de Floridablanca. Con el punto de partida en la unión de las Coronas de Castilla y Aragón en tiempos de los Reyes Católicos, y la posterior anexión militar de Navarra siendo monarca Fernando -V de Castilla y II de Aragón- se amplían las prerrogativas del poder real, que por esta época ya marca una acusada tendencia autoritaria, impronta de las políticas de Isabel I (de Castilla). Sin embargo el autoritarismo de los Reyes Católicos y de quienes los sucederan en el trono no aspira, prima facie, tumbar el peculiarismo de la Monarquía, a saber, el orden político y jurídico particular de cada territorio, aún cuando dichos poderes se presenten en constante pugna con la figura del monarca.
Por ello, y por el matiz que impone la existencia de un reino, el de Portugal, que pese a ser independiente de las Coronas castellana y aragonesa, se venía considerando a sí mismo como español, los monarcas hispánicos no se titularán «reyes de España», si no como reyes y señores de los dominios que forman parte del conjunto de la Monarquía. El gobierno común del monarca para todos los territorios, y el carácter pluralista de la Monarquía ocasionan la debilitación de las Coronas y, al contrario, el fortalecimiento de las entidades menores, como los reinos. Así mismo, el monarca, cuyo título variará en función de la naturaleza jurídica de cada territorio, será la autoridad suprema pero estará imposibilitado para gobernar de forma homogénea sobre todos los territorios, ya que el poder regio se ejercerá con mayor o menor intensidad y extensión dependiendo del lugar. Por poner un ejemplo concreto, al rey le será más fácil imponer su criterio en Castilla -corona de reino unidos; mismas instituciones administrativas, mismas Cortes y mismo derecho- que en Aragón, donde existía una estructura política, administrativa y jurídica separada para cada territorio -que se mantendrá hasta la derrota austracista y la imposición de los Decretos de Nueva Planta en 1715-. Por esta razón el ejemplo aragonés e incluso el modelo de la Monarquía han sido puesto en comparación con la Commonwealth y con el propio Reino Unido; hecha la salvedad del desfase histórico-temporal.
No son difíciles de adivinar los motivos que esgrimieron los promotores del absolutismo regio para acabar con el pluralismo político y jurídico que actuaba como contrapeso de las pretensiones uniformistas de los reyes. Con fecha en 1624, el Conde Duque de Olivares presenta a Felipe IV el famoso Gran Memorial en el cual el hábil valido que solicita al rey que se imponga el título de Rey de España con todos los efectos que ello supone;
Tenga V. Majestad por el negocio más importante de su Monarquía el hacerse rey de España; quiero decir, señor, que no se contente V. Majestad con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, conde de Barcelona, si no que que trabaje y piense, con consejo maduro y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España al estilo y leyes de Castilla, sin ninguna diferencia, que si V. Majestad lo alcanza será el príncipe más poderoso del mundo.
Lo que el Conde Duque pretendió, y que fue llevado hasta las últimas consecuencias en 1715, con la implantación del esquema político-jurídico castellano a los territorios aragoneses, y en 1876, con la supresión parcial de los fueros vasco-navarros al término de la III Guerra Carlista, es lo que viene conociendo como la castellanización de España, o por ser más explícitos, la reducción del heterogéneo orden jurídico, administrativo y político de la Monarquía al propio de Castilla. Olivares no buscaba tal fin bajo un afán simplemente centralizador o un acentuado sentimiento nacionalista, pues como él mismo decía; «no soy nacional, que es cosa de muchachos». En todo caso, a Olivares habrá que achacarle el ser un fiel y devoto estadista al servicio de su rey.
En conclusión, el absolutismo no triunfó de forma tan rotunda en España, al contrario de lo que ocurrió en otros países, por el mero hecho de la existencia de poderes por debajo de la estructura estatal. En ese sentido es válido afirmar que el modelo político y jurídico de la España de los Austrias actuó como cortapisa a las pretensiones regias de establecer un poder omnímodo, como demuestra el hecho de que hasta finales del XIX, y hecha la matización de los fueros de Vascongadas y Navarra que todavía hoy se mantienen, no se logró al completo el uniformismo político y jurídico de la nación entera.
Lúcida opinión de Julián Marías sobre el modelo territorial que cristalizaría en el Título VIII de la presente Constitución en el tiempo en el cual el reinado del reformista Juan Carlos I y la joven democracia española echaban a andar.
Nación y "nacionalidades" - Publicado en el diario El País en 15 de enero de 1978.
España ha sido la primera nación que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra; ha sido la creadora de esta nueva forma de comunidad humana y de estructura política, hace un poco más de quinientos años -si se quiere dar una fecha representativa, sería 1474- Antes no había habido naciones: ni en la Antigüedad, ni en la Edad Media habían existido; ni fuera de Europa. Ciudades, imperios, reinos, condados, señoríos, califatos; naciones, no. Poco después de que España llegara a serlo, lo fueron Portugal, Francia, Inglaterra; con España, la primera promoción más adelante, Holanda, Suecia, Prusia; en un sentido peculiar, Austria, y desde fines del siglo XVII empieza a germinar algo así como una nación dentro de Rusia. Italia y Alemania no llegan a ser naciones hasta hace un siglo (aunque se sentían ya así, social si no políticamente, mucho antes, y verdaderamente lo eran). Políticamente, las expresiones Monarquía española y Nación española han precedido largamente a España. El Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias (1611), da esta definición: «NACION. Del nombre latino natio, is, vale reyno o provincia estendida, como la nación española.» Ricardo de la Cierva, en un artículo impecable, acaba de recordar lo que ha sido siempre, cuantitativamente incluso, el uso constitucional de las expresiones «Nación» y «Nación española».
Hasta hace unos días, el anteproyecto de Constitución recién elaborado arroja por la borda, sin pestañear, la denominación cinco veces centenaria de nuestro país. Me pregunto hasta dónde puede llegar la soberbia -o la inconsciencia- de un pequeño grupo de hombres, que se atreven, por sí y ante sí, a romper la tradición política y el uso lingüístico de su pueblo, mantenido durante generaciones y generaciones, a través de diversos regímenes y formas de gobierno.
En la época en que el nombre «nación» se usa abusivamente -Naciones Unidas- por todos los países que son o se creen soberanos, desde los más grandes hasta los que apenas se encuentran en el mapa, con estructuras sociales y políticas que nada tienen que ver con la de la nación, resulta que la más vieja nación del mundo parece dispuesta a dejar de llamarse -y entenderse así. El anteproyecto recurre a cualquier arbitrio imaginable con tal de escamotear el nombre «nación»: «sociedad», «pueblo», «pueblos» y, sobre todo, «Estado español» -la denominación que puso en circulación el franquismo por no saber bien cómo llamarse, que ha ocupado tantos años los membretes de los impresos oficiales- Pero ocurre que estos conceptos no son sinónimos; y usarlos como si lo fueran significa una falta de claridad sobre las realidades colectivas, disculpable en la mayoría de los hombres, pero no en los autores de una Constitución.
Ahora que la Iglesia -sabiamente- ha añadido a los pecados de pensamiento, palabra y obra los de omisión, la de la palabra Nación en el texto constitucional propuesto resulta difícilmente perdonable. En él, en efecto, nunca se dice que España es una nación, lo cual equivale a decir que España no es una nación, ya que en ese texto era necesario decirlo. Me gustaría computar -en caliente, directamente- lo que de ello piensan los españoles, si se dan cuenta de lo que se intenta hacer con su país, es decir, con ellos (y con sus descendientes).
Pero no es esto sólo. La idea nacional se cuela en el anteproyecto, como de pasada, en el artículo dos, que dice así: «La Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus pueblos y reconoce el derecho a autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.» Yo no sé qué quiere decir que la Constitución «se fundamenta en la unidad de España»; entendería que la reconozca o la afirme o la proclame; pero esto no es demasiado grave. Sí lo es que el texto diga que integran España «nacionalidades y regiones». Explicaré por qué me parece así.
Esta Constitución, tan enemiga de toda discriminación, la practica aquí en las más serias cuestiones. Según ella, hay en España dos realidades distintas, a saber, «nacionalidades» y «regiones». En una Constitución, habría que decir cuáles son -y me gustaría saber quién se atreve a hacerlo, y con qué autoridad-. Pero lo más importante es que no hay nacionalidades –ni en España ni en parte alguna-, porque «nacionalidad» no es el nombre de ninguna unidad social ni política, sino un nombre abstracto, que significa una propiedad, afección o condición. El Diccionario de Autoridades (1734) dice: «NACIONALIDAD. Afección particular de alguna nación,. o propiedad de ella.» Y la última edición (1970) del Diccionario de la Academia la define así: «Condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de una nación. 2. Estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación.»
Es decir, España no es una «nacionalidad», sino una nación. Los españoles tenemos «nacionalidad española»; existe la «nación España», pero no la «nacionalidad España» -ni ninguna otra-. Con la palabra «nacionalidad», en el uso de algunos políticos y periodistas en los últimos cuatro o cinco años, se quiere designar algo así como una «subnación»; pero esto no lo ha significado nunca esa palabra en nuestra lengua. El artículo del anteproyecto no sólo viola la realidad, sino el uso lingüístico.
Algunos defensores de esa acepción espúrea de la palabra «nacionalidad» invocan el precedente del famoso libro Las nacionalidades, publicado hace poco más de un siglo por D.Francisco Pi y Margall, catalán, republicano federal, uno de los presidentes del poder ejecutivo de la efímera I República Española (febrero de 1873 a enero de 1874). Ahora bien, al invocar ese libro demuestran no haberlo leído. Porque Pi y Margall no llamó nunca «nacionalidades» a ningún tipo de unidades político-sociales, ya que sabía muy bien la lengua española en que escribía –en que escribió tan copiosamente- Las «nacionalidades» de que habla son, no Francia, España, Alemania, Suiza o Estados Unidos, sino la nacionalidad francesa, la española, la alemana, la suiza, la norteamericana, etcétera. Usa la expresión en el sentido en que -todo el siglo XIX habló del «principio de las nacionalidades». A las naciones, Pi y Margall las llamaba «naciones»; y a lo que solemos llamar «regiones», casi siempre las denominaba con la vieja palabra romana, de amplísima significación, «provincias». Lo que pasa es que resulta más cómodo leer títulos que libros, y los antiguos, ni siquiera solían tener las socorridas solapas que tantas veces simulan un conocimiento inexistente.
Al hablar -con entusiasmo- del principio federalista, que Pi y Margall pretendía aplicar a todos los niveles, desde el municipio hasta Europa, escribe, por ejemplo: «Yerra el que crea que por esto se hayan de disolver las actuales naciones. ¿Qué había de importar que aquí, en España, recobraran su autonomía Cataluña, Aragón, Valencia y Murcia, las dos Andalucías, Extremadura, Galicia, León, Asturias, las Provincias Vascongadas, Navarra, las dos Castillas, las islas Canarias, las de Cuba y Puerto-Rico, si entonces como ahora había de unirlas un poder central, armado de la fuerza necesaria para defender contra propios y extraños la integridad del territorio, sostener el orden cuando no bastasen a tanto los nuevos Estados, decidir las cuestiones que entre éstos surgiesen y garantizar la libertad de los individuos? La nación continuaría siendo la misma. Y ¿qué ventajas no resultarían del cambio? Libre el poder central de toda intervención en la vida interior de las provincias y los municipios, podría seguir más atentamente la política de los demás pueblos y desarrollar con más acierto la propia, sentir mejor la nación y darle mejores condiciones de vida, organizar con más economía los servicios y desarrollar los grandes intereses de la navegación y el comercio; libres por su parte las provincias de la sombra y tutela del Estado, procurarían el rápido desenvolvimiento de todos sus gérmenes de prosperidad y de riqueza: la agricultura, la industria, el cambio, la propiedad, el trabajo, la enseñanza, la moralidad, la justicia. En las naciones federalmente constituidas, la ciudad es tan libre dentro de la provincia como la provincia dentro del cuerpo general de la República.»
Pi y Margall extiende la misma Consideración a otras naciones: «Otro tanto sucedería en Francia si se devolviese a sus provincias la vida de que disfrutaron, y en Italia, si se declarase autónomos sus antiguos reinos y repúblicas, y en la misma Inglaterra, si lo fuesen Escocia e Irlanda... Inglaterra, Italia y Francia seguirían siendo las naciones de ahora.» Pi y Margall habla constantemente de «grandes naciones» y «pequeñas naciones»: ni a unas ni a otras se le pasa por la cabeza llamar «nacionalidades». Y el libro III de Las nacionalidades se titula La Nación española.
¿De dónde viene entonces este uso caprichoso e inaceptable de la palabra «nacionalidad»? Es, simplemente, un anglicismo, de los que tanto gustan los que no tienen mucha familiaridad con la lengua inglesa. Si no me equivoco, procede de John Stuart Mill, que en su tratado sobre Representative Government (1861) usó la palabra nationality en su recta significación y, además, de manera imprecisa, como designación de una comunidad. Mill habla de feeling of nationality (sentimiento de nacionalidad), French nationality (nacionalidad francesa), etcétera. Pero también dice, por ejemplo-, «A portion of mankind may be said to constitute a Nationality if they are united among themselves by common sympathies which do not exist between them and any others, etcétera.» («Puede decirse que constituye una Nacionalidad una porción de humanidad si están unidos entre sí por simpatías comunes que no existen entre ellos y otros cualesquiera, etcétera.»).
Por esta vía -una teoría política inglesa de mediados del siglo XIX- ha entrado en nuestra lengua una moda recentísima, imprecisa, que aparece con alguna frecuencia en nuestros periódicos y en los discursos de algunos políticos que acaso no saben muy bien de qué hablan. Parece demasiado que tan livianos motivos determinen la Constitución de la Nación española, introduzcan una arbitraria desigualdad entre sus miembros y pongan en peligro la articulación inteligente y fecunda de un sistema de autonomías eficaces, fundadas en la realidad, no en oscuros rencores o en la confusión mental.
Sin duda que mejor modelo para la reforma de nuestra ley fundamental;
We the people of the United States, in order to form a more perfect union, establish justice, insure domestic tranquility, provide for the common defense, promote the general welfare, and secure the blessings of liberty to ourselves and our posterity, do ordain and establish this Constitution for the United States of America. - Preamble to the U.S. Constitution
Interpretada en la NATO Military Tattoo Kaiserslautern 2007, participando las bandas de la Luftwaffe, del Ejército Checo, del Ejército de Rumania, de la Armée de l'Air francesa, del Prinsens Livregiment danés, de la USAF Europe y del Principado de Liechtenstein y con representación de todas las naciones integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Desde que amanece nos rodea un mar de normas e intervenciones estatales. El agua del embalse local nos es suministrada por una empresa que actúa con una concesión administrativa de tipo monopolística. La leche de granjas gallegas que consumimos en el desayuno está sometida a unas estrictas cuotas de producción, sobre el café colombiano y las bananas centroamericanas que compramos ayer en la tienda de la esquina pesan unas elevadas barreras de entrada en forma de aranceles a las importaciones. Cogemos nuestro coche de fabricación sueca -cuya compra está actualmente subvencionada por el gobierno- y nos dirigimos a la estación de ferrocarril. Compramos un billete para un viaje en tren regional, servicio que nos presta un organismo público en calidad de único operador en el sector -es decir, un monopolio con todas las de la ley-. Tras llegar a nuestro destino, compramos un sabroso bocata de tortilla, producto sobre el cual repercute un impuesto al consumo del 16% del valor total. Como se puede comprobar el gobierno nos aplasta con un tsunami de regulaciones e intervenciones que se extienden desde las cosas más elementales, como la ordenación de la edificación, hasta las más nimias, por ejemplo el cine español subvencionado o el idioma que han de utilizar nuestros hijos en la escuela -pública o privada-.
Habrá quien piense que hay motivos para tolerar un gobierno tan paternalista, o quien entienda que tanto micromanagement estatal se justifica en el interés general, el bien común o el progreso nacional. Algunos entendemos que el dominio de la mayoría, el mandato popular, la voluntad nacional; a fin de cuentas el triunfo del criterio de muchos sobre la opinión de unos pocos, debe constreñir la acción gubernamental a cuatro aspectos: la defensa nacional y la seguridad pública, el diseño del marco normativo básico para el desarrollo de unas relaciones humanas de tipo voluntario, así como una correcta administración de la justicia para la solución de conflictos, la ejecución de obras de interés general y, por fin, la protección de personas incapaces e incapacitadas, pero siempre evitando entrometerse en materias que son fácilmente configurables por la voluntad autónoma y libre de dos o más individuos. O como vino a decir Milton Friedman:
El gobierno de la mayoría es un recurso necesario y deseable. Sin embargo, es muy diferente al tipo del libertad que un individuo tiene cuando va a comprar a un supermercado. Cuando votamos una vez cada año, apoyamos ideas generales y no propuestas específicas. Si formamos parte de la mayoría, en el mejor de los casos obtendremos las propuestas que apoyamos y aquellas a las que nos opusimos, pero que en conjunto consideramos menos importantes. En general, al final nos solemos encontrar con algo diferente de lo que pensábamos que estábamos votando. Si formamos parte de la minoría, debemos someternos al voto de la mayoría y esperar a que llegue nuestro turno. Cuando votamos cada día en el supermercado, conseguimos exactamente lo que hemos votado, y lo mismo hacen todo los demás. La urna de votos da lugar a un conformismo sin unanimidad; el supermercado, por el contrario genera unanimidad sin conformismo. Por esta razón, es importante utilizar las urnas, si es posible, sólo para las decisiones donde el conformismo resulta esencial.
El pasado domingo se manifestaban en Santiago unas cuantas personas entre las que se contaban personalidades gubernamentales como el señor alcalde de la ciudad, el secretario general del PSOE-PSdeG o el excelentísimo Ministro de Justicia -no voy a entrar en el baile de cifras, eso queda para la amarillista prensa patria- bajo un directo eslógan: Queremos gallego. Dejando de lado las motivaciones de cada cual para optar por acudir a la susodicha manifestación, o quedarse en casa, y obviando ciertas actitudes fascisto-comunistoides como los abucheos a los reporteros de la RTVG o el lanzamiento de pintura contra establecimientos del grupo Inditex, la problemática de la coexistencia más o menos armónica de dos lenguas habladas por una población en un mismo territorio que goza de instituciones político-administrativas propias sigue siendo un tema tabú que parte de la sociedad se empeña en utilizar de forma demagógica como un arma política.
Pero lo cierto es que a la inmensa mayoría del país no le supone ni una nimia alteración del sueño las cuestiones identitarias que blancos y negros pretenden camuflar bajo supuestos ataques a una u otra lengua. La inmensa mayoría de los gallegos no tienen grandes problemas de comunicación entre sí aún a pesar de utilizar registros lingüísticos distintos, los roces vienen, como de costumbre, por causa de una intervención gubernamental que en este ámbito, como en otros tantos, llega a ser ridícula. Es totalmente un despropósito que sectores minoritarios de uno y otro lado estén substanciando sus pugnas partidistas usando a las lenguas, y al derecho que los ciudadanos tienen de usarlas, como escudo y como puerta de entrada para una cada vez mayor desmesurada e invasiva regulación estatal.
Realmente no estoy por la oficialidad de una u otra lengua en el seno de la administración, que es el principal canal de relación entre gobernante y gobernado. Creo que en estas cuestiones debe imperar el sano sentido del pragmatismo, y que por ello, en un territorio donde una mayoría rural habla el gallego y una minoría urbana es castellanohablante, el gobierno no debe entrometerse en cuestiones tan de uso social, y sobre todo individual, como los idiomas. Es del todo lógico que un paisano de, vamos a decir, Quiroga, esté en el derecho de que un agente de policía, un juez o un inspector de hacienda se dirijan a él en gallego. Lo mismo para un provinciano natural de Coruña que tenga por lengua vehicular o franca el castellano.
Si la cuestión ya es delicada entre personas libres y responsables, ni que decir tiene que las cosas se complican en el tema de la educación; imagínense. Para los que defendemos la plena responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos, el hecho de que el gobierno sea el que decida en que idioma van a estudiar los menores es algo ciertamente peligroso. Decretar la obligación de aprender en gallego o en castellano, o ambos de forma paritaria, es atentar contra la libertad de educación. Claro que ni los más hooligans de ambos bandos se han parado a pensar en todo lo que conlleva esa palabreja que se empeñan en reivindicar hasta la saciedad en sus arengas panfletarias y sus aquellarres multitudinarios: Libertad, la libertad con mayúsculas que posibilita a cada cual actuar conforme a su propio criterio y según lo que considere más beneficioso para su persona, sin más límite que el que señala el aforismo latino Alterum non laedere -no dañar a otro-. Hoy por hoy, debe primar la libertad de cada individuo frente a las pretensiones colectivistas o chovinistas. Por que el idioma, como tantas otras facetas del ser humano, es cuestión de la libertad de cada uno.
Esta bitácora hace suyos los postulados del liberalismo clásico. La libertad y la responsabilidad individual, la propiedad privada, el libre mercado, el pacto social y la ausencia de coacción, la limitación del poder, el autogobierno y el federalismo, la promoción de la justicia y el bienestar, así como una sociedad civil activa y consistente son los medios indispensables para alcanzar la felicidad del hombre.
Por un galeguismo liberal, humanista e patriótico
"En toda las edades os Gallegos De España muy leales defensores Probaron po lo mar e po la terra Que non se presentaban nun-ha guerrra Soldados mais valentes nin mellores ...
Non te acòres ti pois, nobre Galicia, ... Quizais teus fillos inda che precuren Un novo menumento, E ardendo no amor patrio que eu che juro Resóe traspasando o firmamento O nome de Galicia santo e puro."
Crear contenido exclusivo para suscriptores
-
Esta es una cosa que CN tenía curiosidad por saber cómo se hacía. Se trata
de hacer que los suscriptores de nuestro feed, además de poder ver el
contenido ...
Nieve que se acumula al final de la página
-
En una entrada anterior habíamos visto como conseguir un efecto de nieve en
el blog mediante el uso de la etiqueta "marquee" y poco después veíamos como
in...
¿Cómo añadir Entradas Relacionadas a tu blog? -83-
-
Entradas Relacionadas.- Muestra una serie de entradas relacionadas con la
actual para proveer a los usuarios de otros temas en el blog que podrían
interesa...
Noche de carreteras secundarias
-
No hubo sobresaltos en la mesa el día de Nochebuena. El único que saltaba y
rondaba la comida era el perro. Caricias al perro y recogida de langostinos.
Yo...
Otra Navidad es posible
-
[image: Image Hosted by ImageShack.us]
La Navidad sigue gozando de un delicioso sabor. A pesar de los pesares. Y
reunirme con mis primas pequeñas sigue sie...
La dictadura feminazi
-
El feminazismo se ha institucionalizado de tal manera en España, es tal su
poder fáctico y de intimidación que nunca se detendrá a la hora de aplastar
a a...
Mark Twain
-
Estos días no tengo mucho tiempo de escribir nada, así que os dejo un
recopilación de frases célebres de uno de los escritores que más admiro.
"Nunca per...
Sobre la bitácora
-
Los principios de esta bitácora ya fueron expuestos en el prólogo, por lo
que no creo necesario volver a entrar en detalle.
La función de esta bitácora es...
Otro año calamitoso en política exterior
-
*Cada año, por estas fechas, los analistas del Grupo de Estudios
Estratégicos (GEES) Rafael L. Bardají y Florentino Portero hacen un resumen
de los último...
MENSAJE DE NAVIDAD
-
Quiero desear a todos mis lectores una Feliz Navidad y un venturoso año 2010. Que el Año Nuevo nos brinde renovadas energías para acometer nuestras empresas ...
Avatar, ¿la experiencia 3D definitiva?
-
Hace un par de días pude conseguir una entrada para Avatar, de James
Cameron. Y he de decir, que no fue nada fácil, pues Kinepolis Granada
presentaba absol...
Un amanecer estupendo & Hamiltoniano
-
¡Buenos días señores! Ahora mismo son las 7,15 de la mañana y me desperté a
las 5,30 de la madrugada después de haber soñado ser partícipe en la
Convención...
FELIZ NAVIDAD Y AÑO 2010
-
Queridos lectores,
Os deseo con todo cariño que tengáis una feliz navidad y una buena entrada y
salida de año. Que todos vuestros deseos se cumplan.
Por m...
Happy Christmas (John Lennon)
-
Happy Christmas (war is over) De todos y cada uno de nosotros depende que el
mundo sea un lugar más habitable, no sólo en Navidad. Lo creas o no, tu
acción...
Feliz Navidad
-
Por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto mandando empadronar
a todo el mundo. Éste fue el primer empadronamiento hecho por Cirino, que
de...
PREMIO LIBERTAD, AÑO 2009. FELICITACIONES A TODOS.
-
Me gusta presumir de que tengo el mejor blogroll de la red. Desde hace unos
meses no ando muy sobrado de tiempo. Así que apenas puedo comentar tanto ...
Díaz Ferrán, símbolo de la crisis
-
El presidente de la CEOE está en el disparadero de todos en este momento.
Tanto es así que ha pasado de ser conocido a ser famoso y, casi, a robar
minutos...
Su vida privada
-
Hace poco hemos tenido la ocasión de ver cómo *el hundimiento de la vida
familiar de Tiger Woods* trascendía más allá de los límites privados; se
convertía...
Sorpresas intergalácticas
-
LA BÚSQUEDA DE EXTRATERRESTRES LE CUESTA EL TRABAJO A UN EMPLEADO DE LA
ESCUELA AZ
*Un antiguo empleado del distrito escolar de Arizona ha sido...
NO A LA GUERRA, ACTIVISTAS DE OPERETA
-
Pues todavía recuerdo a los artistas del "no a la guerra". Esos activistas
con cara de compromiso capitaneados por Pilar Bardem que pedían la paz con
deses...
Por Madrid
-
Me dejo caer unos días por la capital del Reyno antes de Navidad, con
espíritu aventurero.
Para mí, estas fechas son las que más me gustan para pasear po...
El ratoncito Pérez
-
Ayer a mi hijo se le cayó su primer diente, suceso largamente celebrado por
toda la familia. Como está mandado, por la noche vino el Ratoncito Pérez y
le ...
GAMAL
-
El CONSEJO DE MINISTROS APRUEBA EL PLAN ANUAL DE LA COOPERACIÓN
INTERNACIONAL 2009
El texto señala que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) neta se situará...
Una vibrante carte de la hija de Tolstoi
-
Para los amigos de la Unión Soviética. -Los asesinatos y las deportaciones a
Siberia en masa.- Un llamamiento al mundo entero
Cuando los comunistas y soci...
-
*Todo tiene su final
*
Recuerdo nítidamente las clases de Ciencias Naturales de 2º de EGB cuando
estudiábamos que los seres vivos nacen, crecen, se reproduc...
Belén Esteban vs Rosa Díez
-
Pues nada, para un rato libre que me deja el estudio de nuestra "querida"
Carta Magna... Voy y me encuentro con esto...
Creo al final saber cual es la ún...
Consejos para prevenir la GRIPE A
-
Debido al casi total desconocimiento ante los riesgos, causas de contagio y
consejos para prevenir la ya famosa gripe A o gripe porcina, Edvgar
Yustessen ...
"SMS"
-
Trataré de combinar entradas en:
www.rubenmirandagoncalves.wordpress.com
Se debe a que me convencieron a utilizar el servicio de wordpress y, desde
luego,...
Aznar sabe cómo salir de la crisis
-
Aznar puede caernos más o menos simpático y puede parecernos prepotente; sin
embargo lo que no podemos negar es que se cree lo que dice. Los reporteros
de ...
Taberna Bocatín invita a los parados
-
La cadena de restaurantes Taberna Bocatín invitará a aquellos que hayan
perdido su empleo a comer o a cenar gratis en los establecimientos adheridos
a la e...
MOSCAS A CAÑONAZOS
-
Aunque, desde luego, no me revista del "progresista" velo antisemita tan de
moda por ahora, con el *kufiya, *la banderita, el puño en alto y algunas
teoría...